La canción nos da la bienvenida con una guitarra melódica
que lo mismo suena dulce y nostálgica con la voz de John Adams. Lo que llama la
atención es la construcción de la atmósfera que se va creando, porque va más
allá de la guitarra y la voz, hay un teclado que se encarga de crear este
ambiente envolvente de melancolía, incluso se puede percibir el sonido de un
violín, que no lucha por quedarse con la pista principal, más bien, es un lindo
apoyo a la voz de su intérprete.
Así, la canción encuentra su camino como un tema que suena
tranquilo, calmado, te da esos minutos de calma que quizás necesitas en una
tarde. Mientras que John Adams, con su tono melódico, nos habla sobre un amor
plenamente natural, de esos que no se tienen que esforzar para atraparte,
más bien, se sienta tan natural como
respirar. Es sobre ese tipo de amor tan natural, del que no decides que va a
pasar, simplemente llega.
¡Un tema que habla del amor en su forma más pura!
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